Yo creo que la peor crisis que puede tener una persona que le gusta escribir no es particularmente quedarse sin algo de lo cual escribir. Simplemente es no tener nada realmente interesante que escribir. Las experiencias de por sí hacen que contar una historia sea más fácil que solo inventarla y se lea también así más genuina. La gran crisis es que luego de mucho pensarlo, me di cuenta de que realmente no hay mucho que tenga para contar o quizá lo que alguna vez tuve para contar se perdió en una conversación con alguien o, simplemente perdió esa importancia que lo hacía un suceso realmente interesante, al menos para mí. Y de algún modo así, también para relatarlo.
Siempre he disfrutado escribir, siempre he tenido la necesidad de liberar esas tensiones o emociones que uno como persona terriblemente sentimental tiene. Yo soy una persona demasiado sensible, pero no en ese ámbito de sensible por delicado, sino que un nivel de sensibilidad que además de empático es muy vivido, entonces todos los detalles o momentos intensos —ya sean negativos o positivos— me pegan demasiado. Me lo dijeron en el colegio, me lo dijeron en la universidad y me lo dijo la psicóloga. Y lo más importante, me lo dije yo misma y lo reconozco. Aunque, claro, al principio no lo había notado. Yo creía que era solo muy ingenua y por eso en algún punto me afectaba todo, incluso cuando no tenía que ver conmigo. Me parecía casi una estupidez que la música que escuchaba pudiese influir tanto en mi estado de ánimo incluso cuando ni siquiera estaba realmente triste o hubiese un motivo para estar triste. Y también me parecía ridículo que cada cosa que escribiera debiese ser solamente en un silencio total, porque si lo hacía escuchando cualquier tipo de música, yo sabía que el protagonista o los personajes de mi historia iban a estar en un absurdo eterno riendo, peleando y llorando en una misma página. Y la verdad es que si iba a estar confundida yo misma con mis propios escritos, no iba a querer darle la lata a quien me leyera con la misma confusión.
Con el pasar del tiempo he aceptado esa sensibilidad, aunque al comienzo no lo hiciese completamente. Me hacía sentir un poco débil, para ser honesta. Pero, como dije arriba, la sensibilidad no era por lo delicada, sino que era por lo mucho que me podía llegar a provocar un hecho o suceso o una simple historia que me contaba alguien. Ese traspaso de emociones en el que uno, personamuysensible, sucumbe y absorbe para luego transformarlo en algo. Y en mi caso, la sensibilidad con la que experimentaba el mundo y el mundo de las personas que me rodeaba también me daba un motivo para escribir.
No obstante, en el hoy, reflexiono que yo en mi individualidad no tengo realmente algo interesante para crear. No tengo una historia mía que quisiera relatar o compartir fuera de una charla íntima porque, entendiendo que todo se relaciona con lo que dije, tampoco quiero revivir vivencias mías que más tarde pueden convertirse en una arma de doble filo. No sé si me explico. Las personas de por sí somos muy susceptibles y mi lado empático no puede permitir que relatar vivencias mías junto con personas que, viéndose reconocidas, más tarde se encontrarían afectadas o dolidas por algo que dije, conté, relaté o la forma en cómo lo hice. Siento que para ser escritor hay que ser una persona terriblemente valiente, porque le muestras al mundo —un mundo que no conoces completamente— parte de tu vida, o más que vida parte de lo que eres. Y una vida que puede ser bastante íntima. Pero más allá de eso, yo creo que es más doloroso encontrarte o siendo parte de una historia que quizá tú, como sujeto pasivo, no quieres que los demás sepan, o tener la simple idea de que alguien más la está conociendo sin tu consentimiento.
Pero más allá de eso, las personas en general no llevan a cabo ese proceso de pensar que lo que un escritor comparte, cierto porcentaje de esa historia está motivada por vivencias que ha tenido. Experiencias que ha ido recolectando con el tiempo junto a más personas o en la soledad de su vida. Y, al verlo desde ese punto de vista, reconocemos también que es algo más contundente y con mucha más relevancia de lo que podemos pensar, más allá de que sea relatable para uno, es porque esa penita o esa felicidad, él también la experimentó. Y eso, creo yo, es algo valioso también en un escrito o en el escritor mismo.
Quiero creer que este proceso de reflexión me llevará más tarde a poder compartir algo más elaborado que se mantenga estable, ya que las personas que me conocen entienden que no soy una persona muy constante con mis proyectos y no dura mucho la motivación, por lo cual termino dejando todo a medias. En la actualidad me estoy concentrando en un proyecto mucho más visual y menos personal también. De alguna forma, aunque no tenga mucho que expresar, escribir o relatar, me hace feliz poder tener algo que hacer y que realmente me llene.
