5/1/18

¡Mamá, me llevó el lobby de la baja autoestima!

Nunca me atreví a decir esto porque siempre sentí que al menos el problema del físico era un tema que para los demás era superable. La respuesta ante confesar que tenía kilos demás, que me costaba mirarme al espejo o que sentía que con nada me veía bien, era y sigue siendo siempre la misma: haz ejercicio, come más sano, proponte metas. Un error, pienso hoy, porque no había nada peor que darse cuenta que tal vez el problema eras tú respecto a tu cuerpo y que en realidad estaba sufriendo porque yo misma no me había cuidado o simplemente no había una voluntad detrás que me dijera: vamos a adelgazar. Y pues, tras mucho reflexionar, me di cuenta de que no importa cuánto tiempo podía estar haciendo dieta o yendo al gimnasio. Era verdad que mi vida se alivianaba, me sentía con más energía e incluso dormía súper bien. El problema surgía cuando me daba cuenta de que, aunque el número en la pesa iba descendiendo, yo me seguía sintiendo gorda. Aunque la ropa que antes me quedaba más apretada, ahora me quedase suelta, esa especie de trauma que tenía con mi cuerpo simplemente no desaparecía y noté que el problema era mucho más complicado de lo que yo pensaba, y obviamente el resto pensaba. Escuchar que estaba más delgada no me provocaba nada más que dudar de mí misma y cuestionarme si realmente eso era lo que necesitaba.

Entonces, decidí atreverme a escribir esto porque es momento de decir: chiquillas, yo también sufro problemas de inseguridad, pero con mi cuerpo.