Pensé mucho en esto antes de decidir escribirlo.
Lo pensé mucho porque dentro de la cantidad de cosas que hay en mi mente y de lo mucho que no suelo demostrar a todos los que me rodean, he estado pasando por una inestabilidad emocional que sé que no le concierne a nadie más que a mí, pero lo comparto porque sé que a alguien más le ha pasado alguna vez y que esta angustia se ha desbordado a otras esferas de su vida y en su momento se le ha escapado de las manos, porque no había un indicio de que así sucedería. Hay temas en nuestro día a día que a veces evitamos conversar porque nos resultan vergonzosos, en otras nos resultan muy personales, o simplemente consideramos que no tienen mucha importancia, pero lo que no pensamos es que en algún punto todos lo hemos vivido o lo viviremos eventualmente.
Dentro de lo que a mí me concierne, desde que tengo catorce años que he sido una persona muy ensimismada en sus ideas. Desde muy chica que conozco lo que es la soledad y como toda persona, en algún momento me dio mucho miedo experimentarla porque no reconocía en primera instancia que era algo inherente a mí. Con el tiempo, los episodios que me hacían convivir con ella, me hicieron finalmente aceptarla y recibirla de buena forma. Desde que tengo memoria que no he sido una persona que comparte o se siente a gusto por mucho tiempo en grupos grandes de personas. No sé qué sale mal, pero siempre termino aislándome y siendo menos frecuente con el entorno social que tengo. En estos pocos años que he vivido, he tenido sobretodo en lo que es fija adolescencia muchas caídas en lo que respecta a la amistad, por inconstancia, por pocas muestras de interés y a veces incluso de cariño. Las personas siempre se han alejado de mí porque han sentido en algún punto que no me importaban, no me interesaban o simplemente nunca los quise. A veces yo también me vi cuestionándome si lo hacía.
He sido una persona que se deja llevar muchísimo por sus emociones, especialmente por la ira. Es algo que desde hace cuatro años que he estado trabajando e intentando que no ocurra con tanta frecuencia, para poder controlar de mejor forma mis impulsos. Antes era habitual actuar antes de pensar, sobretodo cuando se trataba de responder a algo que me decían en algún tono molesto o con ganas de empezar discusiones conmigo. Solía verme envuelta en mucho arrepentimiento al darme cuenta de que quizá después de eso muchas cosas no volverían a ser iguales.
Nunca he sido una persona que quiera condenar a otra sin primero haya un motivo real para hacerlo. Reconozco cuando me equivoco, pero también espero que el otro reconozca cuando lo hace. No tengo una definición exacta de amistad, a veces solo tengo nociones de lo que es y lo más cercano que sabe a ello, tiene una base estable de años, sucesos y lealtad de por medio. Solo me ha pasado con dos personas en estos dieciocho años y no es algo que vea destructible, al menos por mucho tiempo. Soy alguien que odia exigir y que le exijan, que invadan su espacio y le obliguen a tener actitudes que simplemente no le son propias o no le nacen, porque simplemente no hay nada que me impulse a tenerlas. Últimamente se me ha hecho muy difícil lidiar con las personas, porque no me ha resultado grato el entorno. A veces he aceptado que digan que soy insoportable, que mantener las cosas conmigo es imposible o que incluso soy demasiado complicada con todo. Pues, sí, puede que así sea, y agradezco que me lo digan. Pero, con honestidad, agradezco más a aquellos que lo piensan y se han mantenido aún así conmigo, sobretodo en los malos momentos.
Digo todo esto, porque dentro de toda mi capacidad de análisis, de intentar estar constantemente reconociendo mis errores, de estar puliéndome, de estar pensando en ciertos temas con la cabeza fría y no dejándome llevar totalmente por las emociones del momento, de ser siempre alguien a quien le dicen que es una persona muy segura en su toma de decisiones y que se preocupa en demasía de cada esfera que compone su vida, todavía me pregunto qué sale mal en la actualidad. Y me pregunto qué sale mal porque en el último momento, después de tanto temor y tantos sucesos iguales, decidí darme una oportunidad otra vez, intentarlo porque consideré que era necesario luego de tanto tiempo y al hacerlo, puedo asegurar que en el primer segundo que pisé afuera de aquella zona de confort, todo salió terriblemente mal. Una seguidilla de sucesos que me quebró en un punto y al mismo tiempo me hizo recordar por qué era que me resguardaba tanto de ser así en otras ocasiones. La confianza es un arma que tú puedes entregarle a alguien y con el que sabes, mas no esperas, que use contra ti. Dentro de mi vida me han prometido muchas cosas, pero no sé si ha sido mi mentalidad aterrizada lo que muchas veces no me ha hecho creer en su totalidad aquellas promesas. Sí, las aprecio. Pero también acepto que son quebrantables, porque me ha tocado vivirlo desde siempre y prefiero no ilusionarme con ello. No obstante, dicen que quien la persigue, la consigue. Y es muy cierto, después de que me insistieran mucho, decidí creer. Y, ¿saben qué? No está mal creer en lo que te dicen, no está mal darse una oportunidad, no está mal tener pensamientos ilusorios, porque cuando viene de alguien a quien le has dado la plena confianza y te insiste a gritos que puede ser, no piensas por ningún segundo que podría terminar mal. Y aquello no es ser estúpido, aquello es ser lo suficientemente humano para reconocer que tenemos sentimientos y no queremos estar tan solos después de todo.
La semana anterior, a mi parecer, fue una semana negra. Estuve ausente en todos los sentidos y quienes me rodeaban también. No los puedo culpar, cada uno tiene su propia vida y sabe cómo quiere vivirla. Me sentí sola pero esta soledad estaba perturbada por un sentimiento de decepción y angustia. Era la clase de dolor que te hace sentir vulnerable y te obliga a estar apartado de las personas porque está latente esa susceptibilidad al engaño. No me gusta el engaño y tampoco la mentira. Conviví alguna vez en mi vida con ella y el resultado que me dio no fue agradable.
El querer es un problema a veces. Alguna vez quise mucho y dolió lo suficiente para mentalizarme en que tal vez eso de querer y estar con alguien no era para mí, o al menos no en ese periodo de tiempo. Quieres y lo haces de verdad. Quieres y tienes a esa persona presente. Sueles acostumbrarte tanto a recibir la atención, mimos, consideraciones de alguien, que olvidas que esa persona en algún momento puede irse, puede no estar, puedes no tenerla y puede fallarte.
Y sobre todo, olvidas que es tan humano como tú y tiene la capacidad de dañarte si así lo desea.
Fue una semana pesada, agotante, inesperada, de pérdida y muy angustiante. Deposité toda mi contención en una persona que ya había pensado en irse y en otra que nunca en mi vida se me pasó por la mente fallarle. Y es entonces cuando digo, ¿de qué me sirve a veces intentar ser constante y tener muestras de afecto si de todas formas termina igual? No se trata de pesimismo, se trata de una realidad muy cierta. Y es una perspectiva bastante sensata. Van a haber días en que no todo va a salir bien, van a haber días en que decidiremos que estar solos es lo mejor, van a haber días en que pensar incluso en darle una oportunidad a otro y a ti mismo será una propuesta tentativa y no serás estúpido por aceptarla, pero sí tendrás que reconocer el error si algo no sale como esperabas. Y a veces creo que ese es el problema, generarse muchas expectativas por creer en algo y luego sentirse frustrado por no ver esas expectativas satisfechas.
Después de vivir esa semana tan pesada, en especial teniendo la concentración de un pez para estudiar, estoy volviendo lenta pero efectivamente a mi centro de nuevo. Hay sensaciones que se están entumeciendo y lo estoy dejando ir, porque no me sirve de nada tenerlas ya. Ese colapso que sentí en algún momento, ese nudo que se formó, se está al fin desatando y puedo ver todo con más claridad. Hay sentimientos que sí, que te agotan tanto, que se desbordan a otras esferas de tu vida y resulta muy difícil sacarlos de ahí. Pero, no hay que perder la calma. Hay que buscar una solución. Y mi solución ha sido hasta ahora distanciarme un poco y tratar el tema con personas particulares porque me resulta terriblemente denso explicar algo para que finalmente no me entiendan. Es mi forma de liberar y también avanzar. Porque no importa si te detienes, siempre es bueno reconocer el avance más que la pausa. Si bien la última te hace notar aquello que va mal, el avance es motivo de celebración, es el darte cuenta de que saliste de ese estado que te revolvía la mente antes de dormir y te hacía levantarte con la sensación de no haber descansado nada.
Tengo que admitir que se me ha estado siendo muy difícil escribir estos días, así que no tendré material nuevo muy pronto para los que han estado preguntando. Estoy en una especie de agoto energético enorme y hay mucho que estudiar. Ya comenzó el periodo de parciales y ya se viene periodo de solemnes, lo cual me deja nada para avanzar en algo. Agradezco la actividad que le han estado otorgando también al blog y la permanencia. Sé que lo que he escrito en esta actualización no es algo muy interesante ni llamativo, pero es el motivo de mi ausencia.
Espero que esta semana termine muy bien para cada uno de ustedes, un abrazo.
