17/4/16

Testigo


A veces me gusta ser testigo de momentos, más que participe.
No es usual, la gente siempre quiere protagonismo, pero yo prefiero contemplar las escenas que se me presentan. No todas son buenas, pero no por eso, menos humanas. Cuando camino por la calle con audífonos, siempre soy testigo de situaciones diversas. A veces veo gente discutiendo. En otras veo parejas abrazándose en bancas de la plaza, con los ojos cerrados. He llegado incluso a ver gente que se besa y uno de ellos está con los ojos abiertos. He visto personas hablando por teléfono mientras lloran. He visto a grupos de personas riéndose a carcajadas. He visto a gente sola mirando a la nada. He visto a gente con audífonos, como yo, mirando hacia ningún lugar. He visto despedidas también. Algunas de una esquina a otra, algunas de cerca. A veces son en los semáforos, justo antes de cruzar. He visto gente ignorando, omitiendo. He visto gente caminando con los ojos pegados al teléfono. He visto gente mirando a más gente. A veces me pregunto qué estarán pensando, qué estarán sintiendo. Cuando veo a jóvenes en especial, me fijo en qué expresión llevan. Algunos se van riendo solos. Otros van terriblemente afligidos. Me pongo a pensar en las veces en que caí yo en discusiones absurdas en la calle, o en discusiones serias también. Y lo único que deseaba era escapar. Muchas veces iba lo suficientemente enojada como para no darme cuenta de la gente que iba a mi alrededor. También las veces en que iba igual de entumecida con sentimientos de tranquilidad y alegría, donde tampoco notaba a la gente, porque iba riéndome sola. Me gusta ser testigo. Pero en casos excepcionales, me gusta ser protagonista. Porque, siempre hay otro testigo que me ve, me contempla y se pregunta: Y ella, ¿qué piensa?