14/6/16

“La situación se torna delicada”

Janis me canta al oído Summertime y me siento en pausa. Estoy recordando los eventos de los días anteriores y parece como si cada uno de esos sucesos hubiese ocurrido en un solo día, uno tras de otro en esas veinticuatro horas. Me es difícil pensar detalladamente en cada uno de ellos porque hacerlo requiere energía que no poseo ahora. Sí, no la poseo. No porque el agoto de cada evento persista, simplemente atribuyo esa falta de energía al sencillo motivo de no haber dormido muy bien la noche anterior.

Estoy cansada y es casi gracioso, puesto que no he tenido clases durante estas dos semanas consecutivas. Me he pasado el tiempo leyendo, viendo alguna que otra película, lamentablemente no escribiendo tanto como me gustaría y desconcentrándome rápidamente cuando se trata de estudiar. Tal vez lo que más he hecho es pensar. Suena divertido, porque hacer algo como pensar no es algo inhabitual. Y es más, pensamos todo el tiempo, ¿cómo podría yo pensar más? Pues, me respondo con la idea de que no he estado pensando en muchas cosas a la vez durante el día, sino en una particular. Aquel pensamiento tonto y viciado no me alegra, pero tampoco me deprime. Probablemente lo que más llamativo me resulta de este pensamiento es la repetición casi absurda que tiene en mi mente. Por un costado escucho una canción de feliz cumpleaños, gritos y risas. Por el otro lado, me ensordece un silencio abrumador y diría que paradójicamente ruidoso del mismo luto. Un luto denso y asfixiante. No puedo comprenderlo y al mismo tiempo lo asimilo. Es una realidad que no concibo al principio como tal. Se torna difícil y ni yo misma me lo explico. Primero difumina y después esclarece tiernamente. Es tanta intensidad, me digo. Hay que equilibrar. El pensamiento central vuelve y me abraza. Me abraza y no entiendo cómo puede hacerlo. Una irrealidad me abraza y sé que está mal, porque en el peor de los momentos (y quiero creer que incluso en el mejor) la persona incorrecta —o correcta, no sé— viene a mi cabeza. Como si pudiese compartírselo en medio de la conmoción o alegría. Como si supiera que quiero su distracción. Como si al menos le importara. Como si el espacio-tiempo que nos separa le diera una señal de que quiero decirle o mostrárle algo. Como si dentro de todo pudiese cobrar mi café y susurrarle al oído que he escrito algo nuevo, que he comprado zapatos nuevos, que estoy leyendo un libro, que he visto algo que me ha hecho reír, que simplemente cumplí años, que me he puesto un poquito más vieja y que tuve solo un pensamiento cuando tuve que pedir los deseos. 

Estoy cansada pero tranquila. He escrito estas semanas, poco pero lo he hecho, después de tanto tiempo sin tener un mínimo de inspiración a causa de la universidad. He hecho cosas nuevas y al mismo tiempo he tenido el gusto de almacenar nuevas experiencias, como incluso el solo hecho de tomar té con personas distintas, o con personas que hace mucho que no veía. También he abierto viejos libros y releído. Pienso que no hay nada mejor que volver a repasar rincones a los que uno no le prestó suficiente atención en algún momento. 

En lo que respecta a los días, se mantienen fríos y el té ha sido mi compañero. No obstante, no ha estado totalmente presente en mis redacciones madrugueras, como pasaba con una especie de pseudo proyecto que estuve subiendo y decidí congelar. Sé que muchos solían visitar mi blog por los capítulos que subía, pero decidí dejarlo un tiempo y retirarlo porque no podía ver la historia sin terminar, menos si sabía que no iba a seguirla durante bastante. Sin embargo, agradezco enormemente la constancia y paciencia que le dieron. 

En la actualidad como también estoy releyendo libros, también estoy adquiriendo nuevos. Nicanor Parra es mi nuevo compañero nocturno y la verdad es que estoy bastante contenta con lo que he leído hasta ahora. Y bueno, tampoco puedo negar que alimenta mi mente y con ello el pensamiento. Justamente ese pensamiento. 

Y qué gran pensamiento es, digo.