Ya había pasado un tiempo sin escribir nada. Bastante, diría yo. Desde el término de año y las pseudo vacaciones que tuve han pasado un millón de cosas. Ha pasado tanto que me demoraría horas en relatarlo todo con lujo y detalle. Solo puedo decir que todo estuvo muy concentrado los últimos par de meses y me ha generado alguno que otro malestar, llegando a afectarme físicamente. Nunca pensé que la universidad podría de verdad consumir parte de mi vida y volverse tan importante en cierto punto. Me descuidé, en varios sentidos a decir verdad. Mi inspiración estuvo nula y solo aproveché el tiempo libre para poder descansar. Aunque ese descansar no fue absoluto, y ahora dudo de si fue realmente descansar porque no se sintió para nada así.
A la fecha, me encuentro más tranquila y satisfecha para poder empezar mi tercer año universitario. Siento que el tiempo ha volado y cada suceso se siente tan cerca uno de otro que a ratos me sorprende pensar que ha pasado tanto en estos meses. Detenerme a pensar un segundo en esto me genera mucha impresión. Dentro de mi día a día que este pensamiento espontáneo y muy temporal se cruzara por mi mente no generaba nada en especial, pasaba casi desapercibido. Algo así como un susurro. Pero, ahora pensarlo es casi haber pisado el freno de forma abrupta luego de ir a mucha velocidad. Todo se siente extraño y me cuesta aún procesarlo.
En lo que respecta a mi vida académica, los que han estado cerca de mí saben lo que este tema significa para mí: sigue siendo algo duro de experimentar y me ha costado encontrar la motivación para poder enfrentarme a esto. No obstante, a pesar de todos aquellos obstáculos, otra vez lo logré y eso de alguna forma me hace sentir que estoy más cerca de lo que deseo. La universidad para mí si bien es un lugar para crear nuevos proyectos, relaciones y obtener nuevas oportunidades, es también un mero trámite. Y como trámite busco sacármelo lo más rápido posible de encima, y claro, no tomarle tanta importancia a lo que me llevó ahí. De vez en cuando es bueno e importante pensar que no estás perdiendo el tiempo, sino aprendiendo más cosas.
En la actualidad no estoy llevando a cabo ningún proyecto en particular. Me estoy adecuando a mi nuevo horario universitario y regulando lentamente mis tiempos. Sí he podido hacer con más tranquilidad lo que me gusta: dibujar, leer libros nuevos y ver algunas películas nuevas también. He estado afirmando relaciones e involucrándome más con el medio. De algún modo me llena comenzar a manejar y ordenar todo lo que hace un par de meses parecía algo incontrolable. Intento además maravillarme un poco más con las pequeñas cosas de mi vida y mi entorno social. Cada día aprendo un poco más. De las personas, de los sentimientos y de la vida en general. Aprecio un poquito más la música, el cariño, los halagos, la naturaleza, los colores y las estrellas. Quiero y busco vivir un poquito más plena aún cuando a veces decaigo en la soledad y los pensamientos negativos. Sé que nada es perfecto, pero se puede hacer más llevadero y completo.
No todo es bueno, pero no por eso significa que todo es malo. Ser joven puede volverse algo desesperante y difícil de manejar. Solo hay que mantener la tranquilidad frente a la adversidad y saber como enfrentarse a ella. Sé también que pensar mucho no hace bien, me ha quedado más que claro este tiempo. Es algo que debo trabajar. Las veces que he intentado vivir más que pensar no me ha salido muy bien y he salido algo herida, pero creo que la clave está en saber equilibrarlo. No pensar más de lo que se debe pensar, y no vivir exageradamente sin medir las consecuencias.
Espero recuperar pronto la total inspiración y poder escribir nuevamente. Espero poder mantenerme en pie y lograr lo que me he propuesto las últimas semanas. Sé que es un proceso, así que no me angustia como quizá me hubiese angustiado hace dos años. Todo es un proceso, dice Nicolás. Y eso me calma.
