No sabes cómo de pronto el tiempo vuela, las cosas cambian y te ves, después de mucho tiempo, en una posición extremadamente cómoda que llega a dar miedo. Es curioso que cada vez que nos vemos felices por periodos prolongados, tendamos de alguna manera a ser más pesimistas de lo usual. No podemos estar mucho tiempo pensando que las cosas están saliendo bien porque simplemente así es y no hay otra explicación que: lo estás haciendo todo bien tú mismo.
Este último mes todo ha ido de maravilla. He generado nuevos lazos, me he acercado a nuevas personas y he reforzado relaciones que en algún minuto creí perdidas. Si alguien me hiciese definirlo en una palabra, solo podría responder libertad. Me siento libre, hasta puedo admitir que independiente en lo que respecta a mi toma de decisiones. Estoy en absoluta sincronía con el medio y no puedo quejarme de nada. La universidad se volvió lo que siempre fue: una esfera de tantas. Mis emociones se equilibraron y mi grupo de amigos se constituyó de una forma genuina y natural. Se me viene a la mente entonces una profesora y amiga: Cuando entras a la universidad, comienzas una búsqueda que termina al momento de sentirte tú en tu esplendor. Nunca encajas, hasta que lo empiezas a sentir. Y creo que llegó el momento.
Conocer, poder querer, abrirte ante los demás y sin miedo, es uno de los mejores pasos que una persona puede dar. Hay tantos proyectos que estoy buscando llevar a cabo y con las personas que tengo hoy a mi lado, estoy más que segura que cumpliré exitosamente. Y si el panorama cambia, sé que hay otras oportunidades por delante. Considero y llevo conmigo cada frase, cada palabra de aliento y cada apoyo que recibo día a día, de personas que me conocen y personas que me quisieran conocer. No hace falta más. Estoy feliz con ellos, con mi familia y contigo.
Hoy puedo decir, en pocas palabras, que todo está realmente bien.
