15/12/16

Enredo

Me  duele y emociona tu retórica, cuando me aclamas la dueña de la iluminación de tu cielo nocturno y me nombras sereno ante la vista humana que te brinda el disfraz de mi alma. Hay algo en esos ojos ennegrecidos que esconden tu pupila. Es como un abismo eterno, absorbente como un agujero galáctico y tan espeso como un océano de sangre oxidada. Estoy perdida, pienso. Estoy perdida en un bosque eterno y lleno de oscuridad, donde no existe nadie más. Escucho susurros entre el canto melancólico del viento rozar con las hojas. Los árboles bailan y lloran. Tu mente también lo hace. Mi mente también lo hace. Sus mentes lo hacen. Caminar o correr, intentando encontrar un camino, puede resultar difícil cuando la Luna es perpetua en este lugar. La oscuridad en esos ojos y en ese corazón a punto de reventar me dicen que no hay nada más que hacer, que la única forma de iluminar el camino es con la mirada interminable de aquel astro madre. Y aún así la iluminación es vaga y yo algo ciega. Y él algo ciego. Y ellos algo ciegos. Y nosotros algo ciegos. Aunque hubiese la suficiente luz, no hay manera alguna de salir de una eternidad. No puedo decodificar esa sonrisa dolorosa cada vez que me hablas. Que lo hablas. Que la hablas. Que nos hablas. Me ocultas entonces entre esas cuencas ojerosas e irradias un cansancio que sin buscarlo discute con mi cansancio. Es como si aquellas entidades inmateriales se ahorcasen una a la otra mientras se besan. La soledad me abriga. La compañía de ella es más honesta. O en realidad engañosa. ¿Y ellos? Ellos no. Ni nadie. Ni yo misma estoy conmigo. Cree que está con él. No está con él mismo. La soledad es una pareja eterna. Lo besa. Me besa.  Veo que lo besa. ¿Por qué lo besa? Estoy en una esquina y nuestras miradas tropiezan. La aparto. ¡Me aparta! Se apartan. Él deja de abrazarla. Dejo de abrazarla. Deja de abrazarme. ¡Es tan ridículo! Pero estoy acariciando tu brazo. Acaricia mi brazo. Veo que él le acaricia el brazo a ella. Y sonríe. Una sonrisa burlona, divertida, que esconde pensamientos, sentimientos y un montón de mientos diversos. Siento una conexión. Siente una conexión. Sienten ambos una conexión. ¡Vaya sincronía perfecta! Es fácil no decir nada y al mismo tiempo decir mucho. Porque el silencio habla por mí. El silencio habla por él. El silencio habla por ella. Me siento solo, se dice para él mismo. Me siento solo. Me siento tan solo. Y se ríe. No sé de si su miseria, de si su conformismo o porque le ha nacido reírse. Solo se ríe. Ríe tan fuerte que a ratos lo confundo con llanto. Llevamos tanto tiempo coincidiendo en dimensiones distintas que francamente toparnos en la misma hará que el mundo esté de cabeza. Ya estamos de cabeza, mi amor, no se puede estarlo dos veces una sola vez. Estamos tan de cabeza, que nos ha crecido el cabello y, a medida que se expande el universo, todo se ha vuelto un ovillo de enredos.