30/3/16

Fiebre


La fiebre baja, le decía la esposa. La fiebre baja y tú estarás mejor mañana por la mañana. Le rebotaba en la cabeza caliente que la fiebre estaba bajando. Se imaginaba el cansancio y el abrumador peso cotidiano, entonces la fiebre baja, la fiebre bajaba. La mujer le colocaba paños fríos que instantáneamente parecían secar con el calor de su frente. Creía que dormía, pero no, estaba despierto. Las frazadas del lecho no lo abrigaban, tenía frío pero ardía. Frío hace, vieja. Frío tengo, le decía. La fiebre baja, escuchaba a la lejanía, como con una especie de eco. La fiebre baja, repetía. Cerraba los ojos y le parecía relajarse. Estaba en calma. A ratos sobresaltado despertaba creyendo que temblaba, que el lecho se movía, que casi se caía. Venía y se iba la vieja con tarros de agua fría. No entendía bien la situación, puesto que a ratos la llamaba. Delirios, decía. Delirios de la fiebre que aún no baja. Dentro del lecho, tiritando de frío en un mar de lava, Morfeo llama y en sueño ha caído.

 Al otro día se levanta, la vieja en cama, él está vivo y la fiebre de ella no baja.