26/12/16

Los viejos finales y los nuevos empezares

Probablemente la Navidad es la época que más espero durante todo el año. De alguna forma, cuando las fechas suelen acercarse, el aroma de cada día cambia hasta la llegada de Noche Buena. No sé si será el pan de Pascua, el arbolito, quizá la cola de mono o los preparativos. Solo sé que la Navidad llega y de pronto todo parece más cálido para el corazoncito.

O al menos así me resulta a mí.

15/12/16

Enredo

Me  duele y emociona tu retórica, cuando me aclamas la dueña de la iluminación de tu cielo nocturno y me nombras sereno ante la vista humana que te brinda el disfraz de mi alma. Hay algo en esos ojos ennegrecidos que esconden tu pupila. Es como un abismo eterno, absorbente como un agujero galáctico y tan espeso como un océano de sangre oxidada. Estoy perdida, pienso. Estoy perdida en un bosque eterno y lleno de oscuridad, donde no existe nadie más. Escucho susurros entre el canto melancólico del viento rozar con las hojas. Los árboles bailan y lloran. Tu mente también lo hace. Mi mente también lo hace. Sus mentes lo hacen. Caminar o correr, intentando encontrar un camino, puede resultar difícil cuando la Luna es perpetua en este lugar. La oscuridad en esos ojos y en ese corazón a punto de reventar me dicen que no hay nada más que hacer, que la única forma de iluminar el camino es con la mirada interminable de aquel astro madre. Y aún así la iluminación es vaga y yo algo ciega. Y él algo ciego. Y ellos algo ciegos. Y nosotros algo ciegos. Aunque hubiese la suficiente luz, no hay manera alguna de salir de una eternidad. No puedo decodificar esa sonrisa dolorosa cada vez que me hablas. Que lo hablas. Que la hablas. Que nos hablas. Me ocultas entonces entre esas cuencas ojerosas e irradias un cansancio que sin buscarlo discute con mi cansancio. Es como si aquellas entidades inmateriales se ahorcasen una a la otra mientras se besan. La soledad me abriga. La compañía de ella es más honesta. O en realidad engañosa. ¿Y ellos? Ellos no. Ni nadie. Ni yo misma estoy conmigo. Cree que está con él. No está con él mismo. La soledad es una pareja eterna. Lo besa. Me besa.  Veo que lo besa. ¿Por qué lo besa? Estoy en una esquina y nuestras miradas tropiezan. La aparto. ¡Me aparta! Se apartan. Él deja de abrazarla. Dejo de abrazarla. Deja de abrazarme. ¡Es tan ridículo! Pero estoy acariciando tu brazo. Acaricia mi brazo. Veo que él le acaricia el brazo a ella. Y sonríe. Una sonrisa burlona, divertida, que esconde pensamientos, sentimientos y un montón de mientos diversos. Siento una conexión. Siente una conexión. Sienten ambos una conexión. ¡Vaya sincronía perfecta! Es fácil no decir nada y al mismo tiempo decir mucho. Porque el silencio habla por mí. El silencio habla por él. El silencio habla por ella. Me siento solo, se dice para él mismo. Me siento solo. Me siento tan solo. Y se ríe. No sé de si su miseria, de si su conformismo o porque le ha nacido reírse. Solo se ríe. Ríe tan fuerte que a ratos lo confundo con llanto. Llevamos tanto tiempo coincidiendo en dimensiones distintas que francamente toparnos en la misma hará que el mundo esté de cabeza. Ya estamos de cabeza, mi amor, no se puede estarlo dos veces una sola vez. Estamos tan de cabeza, que nos ha crecido el cabello y, a medida que se expande el universo, todo se ha vuelto un ovillo de enredos. 

24/11/16

Eterno

Me  gusta oírte, pienso. Me gusta oír la melodía de tu voz como también me gusta imaginarme la idea de ti cuando no estás conmigo porque tu irrealidad a ratos me emociona. No puede ser abrumante. No tiene por qué. ¿Qué sentido tendría que me abrumaras si me gusta hasta lo que no sé de ti? Mejor decirlo en tiempo pasado. Aunque no tiene sentido, si sigue siendo presente. Extraño lo que no vivimos, porque te recuerdo ahí, en lo que no eras. Tan lejano y al mismo tiempo tan íntimamente cercano, acariciando los bordes de aquello que nadie pudo tocar. Puedo sentir tu risa ir en sintonía con los latidos frenéticos de mi corazón. Puedo recordar tus ojos oscuros y taciturnos mirar casi perdidos en la laguna de los míos. Al escribirte esto puedo casi disculparme, con connotaciones anatómicas si te parece mejor, si te hace sentir más cómodo. Quizá pueda describirte entre línea y línea cómo disculparme sin emitir sonido alguno, sin llamarte por tu nombre y dándome a entender entre interpretaciones. Fueron tantas las veces que me dejaste leer tu cuerpo en braille que le hace desesperada falta a mis manos comunicarse con cada parte, con cada borde y con cada extremo de tu piel. Todas mis palabras eran ideas que intentaban imaginar el universo de nuestra vida juntos, en un tú y yo a solas, donde el tiempo detenía y te sabía puro, infantil y honesto. Todas mis palabras eran ideas, te lo vuelvo a decir, pero quería tanto, tanto hacerlas vivir. Y tu ausencia de pronto me atrofia. Muy poco pensarte bien y tanto pensarte mal. Nos ahogo a ambos en cuestionamientos eternos que se me va agotando la vida y aún en el tiempo muerto sigue tu alma ahí absorbiendo mi mente junto a mi cuerpo. ¿Qué tan irracional se vuelve esta necesidad tuya de ti? El tiempo transcurre con la rapidez en que el agua y el aceite se mezclan, o más bien se pierden en el tiempo intentando mezclarse. Me fundo en la oscuridad de la noche. Me traga, me absorbe y me hace parte de ella a su merced. Me abruma y al mismo tiempo me reconforta. Todo mi —¿o nuestro?— mundo está de pronto tornándose como el cristal en una noche que parece eterna. El movimiento troza cada parte de él y no hay camino alguno que me diga dónde ir. Haz que se detenga, pienso. Haz que se detenga y no me congele a mí, ni a ti, ni a nosotros. Aquel frío interminable ni siquiera me permite sentir el dolor de las extremidades. Los colores se pierden, todo está brutalmente opacándose y congelándose a tal extremo que me asusta. Sentirle lejos no es solo sentirle frío, es también en una parte de mi malévola mente sentirlo egoísta, despreocupado y deshonesto. Todo lo que veía estando con él y que ahora no lo veo. Todo lo que guardaba la parte celosa, inocente, egoísta e infantil en mi imperfecto corazón humano. La imagen de él se asoma en mi cabeza de forma repetida como una música tonta. Está respirando en susurro y lo veo dormir. Sus labios se pliegan de tal forma que pareciera que quisiera besar, que estuviese buscando algo con su boca. Aquella entrega inocente en mis brazos me recuerda de súbito que estoy fría, en un costado de la cama, intentando entender qué es realidad y qué es sueño, porque de pronto el tiempo se ha consumido pensando una y otra vez en lo mismo, tal cual círculo vicioso eterno.

13/11/16

Humanidad

La  vida es corta, pero solo para quien no sabe vivirla.

No dejes que las cosas terminen en algún punto porque no supiste qué hacer, no supiste como actuar o pensaste demasiado en las consecuencias. Las personas que más se abstienen de actuar, son las que más arrepentidas sueles observar. Hay momentos que deberían durar más. Hay personas que aunque no te dirijan siempre la palabra, se dedican un momento del día para pensar en ti, para extrañarte, para quererte, incluso a veces para esperarte. Hay incertidumbres que desesperan e instancias que demoran, incluso la eternidad. Y una eternidad puede durar un segundo, porque somos los humanos los únicos que sabemos de  comienzos y finales. Hay ciclos que duran un pestañeo, hay vidas que duran horas, hay amores que duran una tarde, una mirada, una sonrisa o todas juntas. Hay parejas que son, sin ser. Hay matrimonios que existen sin acuerdos y divorcios que suceden sin contratos. Hay personas que se han tocado sin siquiera juntar sus cuerpos. Hay personas que han hecho el amor solo conversando. Hay personas que se han agotado estando en el mismo espacio que otra. Hay personas que se han enfrentado solo al pasar por el lado. Hay personas que se gustan y no lo saben. Hay personas que conocen sus latidos y niegan el motivo. Hay muchas personas y todas han cometido errores: callando, contribuyendo, omitiendo, esperando, negando, incluso sintiendo.  Pero a fin de cuentas, es parte de ser humano. 
Y la humanidad, aunque tenga ciertas visiones derrotistas, creo fielmente que aún se puede salvar. 

1/11/16

La misura dell'amore è amare senza misura

A veces la inocencia e inexperiencia puede resultar ser una de las cosas más nuevas y gratas que alguien puede vivir y que, graciosamente, solo se puede vivir una vez. Siempre y cuando se puedan apreciar los pequeños detalles de situaciones naturales, pero que en ese momento se vuelven únicas e irrepetibles. 

Dentro del montón de circunstancias que se nos han presentado en la vida, están los modos de actuar ante aquellas circunstancias y que al final se traducirán en las decisiones que podemos tomar, que generan un efecto a veces positivo y en otras simplemente negativo. Uno puede llevarse la vida entera buscando tomar decisiones correctas, y hay un punto en que no queda nada más que ceder ante aquella posibilidad de que las cosas vayan a salir bien. Decidir y entregar resulta una tarea difícil, al menos para mí, sobre todo cuando vives constantemente trabajando un autoestima que en su momento se rompió, a causa de mí misma o por un tercero. 

16/10/16

Muerte y vida

Después de unos meses de continua e inalcanzable reflexión, en los cuales permanecí de alguna forma u otra sin un contacto real con las personas que habitualmente frecuentaba y apartada totalmente de la sociabilidad, he vuelto a tomar las riendas de mi realidad.

No he escrito nada nuevo. No me he inspirado. No he pensado en seguir trabajando en antiguos proyectos. Hoy, figuro viviendo la vida real de una forma que me asusta. No estoy pensando en la vida virtual que tuve hace unos meses, sino que me preocupa mucho más mi entorno real, mi vida diaria y la gente con la que estoy. Dejo de lado —no sabría decir si atrás— aquella imagen mía de la escritora aficionada que se encierra en su día a día limitado, creando experiencias más que viviéndolas.

2/10/16

“Here comes the sun...”

No  sabes cómo de pronto el tiempo vuela, las cosas cambian y te ves, después de mucho tiempo, en una posición extremadamente cómoda que llega a dar miedo. Es curioso que cada vez que nos vemos felices por periodos prolongados, tendamos de alguna manera a ser más pesimistas de lo usual. No podemos estar mucho tiempo pensando que las cosas están saliendo bien porque simplemente así es y no hay otra explicación que: lo estás haciendo todo bien tú mismo.

11/8/16

Cíclico

Era cosa de quedarse un rato viéndole a lo lejos para darse cuenta de que trataba de recordar algo. En sus ojos se veía un leve resplandor de un buen momento que ya no poseía y se había quedado impregnado en uno de sus recuerdos. La vida no la había tratado mal, pero había sido dura con ella. Era frustrante darse cuenta de que para poder recordar toda una vida, se necesitaban más años de los que ya poseía. El tiempo se escurría y solo quedaba vivir, porque recordar tomaría demasiado tiempo. A su edad sabía que más que conocidos y amistades, a quienes más recordaba era a sus amores. Algunos fueron más ingratos que otros. Algunos la amaron más, otros la respetaron menos. Su historia entera y sus historias del corazón solo las conocía ella. Todo el mundo tenía una historia del que solo el universo había sido testigo y podría callar como había hecho todos estos años, guardando vivencias ajenas de seres finitos y destructibles que éramos nosotros y era ella. Podían quedarle segundos, minutos o quizá un par de horas, pero sus decisiones ya habían sido tomadas. Su vida ya tenía el rumbo que ella quiso darle. Arrepentirse no servía de nada, si es que lo hacía. Solo le quedaba esperar la llegada graciosa de la muerte, del agujero, del abismo, de la despedida eterna y de la memoria perdida. Le daría de comer sus recuerdos, vivencias, secretos y carne misma a un montón de pequeños e insignificantes gusanos, tal cual éramos nosotros los humanos. 

5/8/16

Ambigüedad

Estoy perdiendo contigo cada segundo, minuto, hora, mes y año que pasa. Es una tontería mía creer que puedo perderte cuando estoy ignorando si todavía te tengo, o alguna vez te tuve. Quiero creer que cuando estoy en la cama mirando a la nada, el tiempo no avanza, pero es tan narcisista creer que la Tierra deja de girar por nosotros dos. Sí, por nosotros, decir por mí te excluía y siempre evité herirte. Mejor herirnos, así no te sientes tan solo. Se pueden pasar días sin tener nada que decir y aún así querer decir mucho. Las frases rebuscadas no sirven. A veces lo más trivial y simple expresa todo lo que uno necesita comunicar. Aunque debo admitirte que aún no entiendo qué es una buena comunicación, porque mientras más lo intento, peor es el resultado. He oído que el silencio es una buena forma de decir mucho, pero en ocasiones da el mensaje equivocado. Creo que ambos hemos perdido la cuenta de cuántos otros se han marchado por no habernos dignado ambos a comunicar algo en el tiempo que ellos esperaron. Tal vez nosotros no creíamos que esperaban. Quizá fue porque en realidad pensábamos que al no decir nada, sabían lo que comunicábamos y no era precisamente desinterés o indiferencia. ¿Resultaría entre nosotros la comunicación si me quedo callada y te digo –sin decirte– muy bajito –pero en silencio– que te quiero? Y si es así, ¿cuánto te demorarías en comunicarme tú que en realidad no me esperabas? Y si en realidad comunicar no fuese un silencio... ¿cuántos días, semanas, meses o años tardaría en llegar aquella nota invisible, mensaje sin letras, mirada vacía, encuentro casual o acto exclusivo que me hubiesen dicho, así tal cual, silenciosamente de tu parte que no había realmente nada más que decir? “Nada, realmente nada, pero sucede que nada más nada no da nada sino que a veces da un poquito de algo”, te hubiese respondido Cortázar y no nos hubiésemos ido tanto al carajo.

20/7/16

Metro

Se  ha despertado un ocho de diciembre por eso de la madrugada tirado en una de las escaleras que se dirigen a la estación de metro. Lentamente se está incorporando sin saber qué le ha pasado y qué hora es exactamente. No abre sus ojos porque siente que cualquier movimiento que fuese a ejecutar le va a reventar la cabeza. Aquel dolor persistente y agudo lo ha sentido otras veces. La resaca es dolorosa. La conoce bien y debiese estar acostumbrado a sentir aquel palpitar tedioso que se confunde con una bomba de tiempo a punto de explotar, pero siempre es una primera vez. Tiene tanto frío que apenas siente la sensibilidad en sus manos, pero aún así comienza a dar palmadas desesperadas a los bolsillos de su abrigo y de sus pantalones. No me han robado nada, se dice para sí mismo. Tiene el celular, las llaves, la billetera, un encendedor y un cigarro molido que tiene todo confundido en tabaco. Poco a poco y lentamente comienza a despegar sus ojos con suma dificultad. Al principio todo da vueltas y empieza despacio a situarse en la realidad del exterior que lo está rodeando.

14/6/16

“La situación se torna delicada”

Janis me canta al oído Summertime y me siento en pausa. Estoy recordando los eventos de los días anteriores y parece como si cada uno de esos sucesos hubiese ocurrido en un solo día, uno tras de otro en esas veinticuatro horas. Me es difícil pensar detalladamente en cada uno de ellos porque hacerlo requiere energía que no poseo ahora. Sí, no la poseo. No porque el agoto de cada evento persista, simplemente atribuyo esa falta de energía al sencillo motivo de no haber dormido muy bien la noche anterior.

29/5/16

Destiempo

Quizás esté fuera de tiempo pero nunca he sido de las personas que se quedan con algo que quieren decir, más si en su momento hubo algo que los impactó lo suficiente como para no saber qué responder. Si en este momento todo termina, si de pronto dejamos de hablar y esta es la última vez que escribo para ti... quiero que sepas que fue porque sentí que tú lo querías así. No puedo remar, no puedo ir en contra de la adversidad y de la aplastante distancia si yo con todos mis intentos acorto la mitad y tú no deseas acortar lo que falta. Solo quiero que quede dicho que yo sí hubiera dado lo necesario y quizás más. No, no es apresurado, puesto que lo reflexioné mucho. Es un cliché, pero la vida es corta. No me gusta creer que algo no fue por el simple hecho de que no lo intenté. En “El día que Nietzsche lloró”, surge un cuestionamiento muy interesante. ¿Qué harías con tu vida si supieras que solo puedes vivir ciertas cosas una vez y durante la eternidad, esta vida se repitiera una y otra vez sin que puedas modificar una sola escena de ella? No quisiera el día de mañana arrepentirme por ello. Sé que eres una persona muy racional, sé que eres una persona ya “adulta”, sé que tienes tus creencias y valores plasmados, sé que tienes tu esquema creado, pero ¿tanto te perturba sentir algo que quiebra ese esquema? Es un obstáculo horrendo solo poder ver a través de esto, de esta “irrealidad”, no puedo negarlo. Sé que hay cosas que no deseas. Sé que hay cosas que no se adecuan a tu orden de vida. Sé que hay cosas que no caben en tu mente porque simplemente es absurdo o demasiado infantil y odias sentirte así. Dudo que pueda hacerte cambiar de opinión, dudo que a estas alturas pueda hacerte reflexionar lo suficiente, dudo que alguien que está a más de mil kilómetros de distancia pueda siquiera mover algo de tu realidad, pero solo ten presente que yo lo hubiese intentado, porque hay cosas que simplemente nacen y no tienen una explicación racional, aunque suene paradójico viniendo de mí. Si hubiese dependido de mí, quizás hubiera sido todo más real. Era una locura, me hubiese dicho Sabato, “nada de lo que fue vuelve a ser”. Más allá de la razón, me diría Tolstoi, “la razón no me ha dado nada, todo lo que sé me lo ha dado el corazón”.  Si hay cosas que arriesgo, es porque es algo que va en mí, es algo que yo sé a lo que me expongo. Hay gente que vive tan cerca y aún así parece estar tan lejos... Ese «tienes tu vida» no me hace sentido cuando me lo dices, puesto que solo puedo responderte «deberías estar en mi vida». No espero respuesta porque te pedí no hablarnos dentro de mi confusión, dentro de mi infantilismo e irracionalidad en ese instante, incluso dentro de aquella tonta ira, pero esto es lo que no pude decirte. Y si consideraste en llegar hasta esta parte de lo que escribí, te doy las gracias por al menos darme una oportunidad y leerlo.

3/5/16

Aislamiento

El frío nocturno lo despertó. Se había quedado dormido encima de la cama con la ropa puesta, de tal forma que ni siquiera los zapatos se había sacado. Sentía el cuerpo pesado, helado, casi muerto. No tenía la menor idea de qué hora era y la iluminación artificial de la ciudad entraba por su ventana. Se fue acomodando en la cama hasta lograr sentarse. Recordó los eventos pasados, los eventos del día. Pensó en la rutina que vivía a diario, en los mismos canales de televisión que sintonizaba cuando iba a cenar, en las mismas calles que recorría para ir y volver a su departamento, al mismo hombre de recepción a quien debía saludar dos veces por día, a las mismas personas con las que debía laborar cada mes por año consecutivo. Todo eso le hizo sentir un aire de desolación, de absoluta pérdida de ánimo y motivación. El tiempo es limitado para todos, pensó. El mundo te lo arrebata de la vida rapidísimo y cuando esta termina, se va el tiempo junto con ella. Pasa su vida intentando verle el lado optimista a todo, cuando está aburrido de hacerlo. Siente el cansancio en los músculos. No quiere ir a trabajar, no quiere ver a nadie, no quiere hacer absolutamente nada. Pero, cuando no hace nada, también el tiempo se le escurre de las manos. Mira hacia la ventana, observa la ciudad, iluminada, tan bella y forzada al mismo tiempo. Es falsa, fingida, ilusoria, netamente fabricada. Tanto que el solo ver su aparente belleza le duele. Es como él. Se mira al espejo y siente el vacío existencial. Es un ser obligado a ser feliz, pero su felicidad es como la ciudad. Su vida es como la ciudad. Él es completamente como la ciudad. La monotonía lo cansa y la gente le resulta patética. Cuando toma su móvil, mira la hora y es exacta. Toda una vida organizada. Ve el reflejo de sus ojos en la pantalla del dispositivo y nota el fantasma de unas ojeras, los ojos cansados, que trasmiten dolor muy levemente, pero que con fijación se nota el estado crítico de su vida emocional. Y es difícil para el resto entenderlo cuando aparentemente se muestra tan normal.

29/4/16

Reconocer el avance más que la pausa

Pensé mucho en esto antes de decidir escribirlo. 

Lo pensé mucho porque dentro de la cantidad de cosas que hay en mi mente y de lo mucho que no suelo demostrar a todos los que me rodean, he estado pasando por una inestabilidad emocional que sé que no le concierne a nadie más que a mí, pero lo comparto porque sé que a alguien más le ha pasado alguna vez y que esta angustia se ha desbordado a otras esferas de su vida y en su momento se le ha escapado de las manos, porque no había un indicio de que así sucedería. Hay temas en nuestro día a día que a veces evitamos conversar porque nos resultan vergonzosos, en otras nos resultan muy personales, o simplemente consideramos que no tienen mucha importancia, pero lo que no pensamos es que en algún punto todos lo hemos vivido o lo viviremos eventualmente. 

17/4/16

Testigo


A veces me gusta ser testigo de momentos, más que participe.
No es usual, la gente siempre quiere protagonismo, pero yo prefiero contemplar las escenas que se me presentan. No todas son buenas, pero no por eso, menos humanas. Cuando camino por la calle con audífonos, siempre soy testigo de situaciones diversas. A veces veo gente discutiendo. En otras veo parejas abrazándose en bancas de la plaza, con los ojos cerrados. He llegado incluso a ver gente que se besa y uno de ellos está con los ojos abiertos. He visto personas hablando por teléfono mientras lloran. He visto a grupos de personas riéndose a carcajadas. He visto a gente sola mirando a la nada. He visto a gente con audífonos, como yo, mirando hacia ningún lugar. He visto despedidas también. Algunas de una esquina a otra, algunas de cerca. A veces son en los semáforos, justo antes de cruzar. He visto gente ignorando, omitiendo. He visto gente caminando con los ojos pegados al teléfono. He visto gente mirando a más gente. A veces me pregunto qué estarán pensando, qué estarán sintiendo. Cuando veo a jóvenes en especial, me fijo en qué expresión llevan. Algunos se van riendo solos. Otros van terriblemente afligidos. Me pongo a pensar en las veces en que caí yo en discusiones absurdas en la calle, o en discusiones serias también. Y lo único que deseaba era escapar. Muchas veces iba lo suficientemente enojada como para no darme cuenta de la gente que iba a mi alrededor. También las veces en que iba igual de entumecida con sentimientos de tranquilidad y alegría, donde tampoco notaba a la gente, porque iba riéndome sola. Me gusta ser testigo. Pero en casos excepcionales, me gusta ser protagonista. Porque, siempre hay otro testigo que me ve, me contempla y se pregunta: Y ella, ¿qué piensa?

10/4/16

Absoluto


Me he llevado el día, la tarde e incluso parte de la noche pensando. ¿Y en qué? No sé. Aún no lo sé. Ha sido mucho. He pensado demasiado. Lo suficiente como para decirte que tienes los ojos, la nariz, la boca, las orejas, el mentón, el cabello, los pómulos y la sonrisa más bella del universo. Y qué exagerado suena. ¿Cómo puedes decir que es lo más bello del universo si no conoces todo el universo? Y es que no necesito conocer el universo, ni otros ojos, ni otra nariz, ni otra boca, ni otras orejas, ni otro mentón, ni otro cabello, ni otros pómulos, ni otra sonrisa para decirte que lo que lo que tengo frente a mí me gusta. ¿Para qué quiero yo conocer al universo entero si contigo basta? Te ríes, bajas la mirada y yo me avergüenzo. Tienes las ideas, las creencias y los pensamientos más bonitos del mundo. ¿Y cómo puedes saberlo? Solo lo sé. ¿Qué más? Me gusta cuando acerco tus átomos con los míos y hacen la suficiente presión como para hacerme creer que te estoy tocando. Me gusta cuando me rodeas por detrás con tus brazos y me sorprendes. Me gusta cuando frunces el ceño y te quejas. Me gusta cuando te pierdes por ahí y te silencias. Me gusta cuando caminas a mi lado e intentas hacerme creer que rozas mi mano por accidente. Me gusta cuando te enredas con tus propias palabras. Me gusta cuando disipo la niebla de tus dudas. Me gusta cuando llueves y logro sacarte algunos rayitos solares. Me gusta tu paciencia porque equilibra mi impaciencia. Me gusta cuando me hablas hasta dormirte. Me gusta cuando me haces sonreír aún cuando parece imposible que pase. Me gustan tus insignificancias, tu costumbre, tu lado más banal y mundano. Me gustan tus cicatrices, tus lunares y tus manchitas. Tus defectos, tus mañas y tus tristezas. Me gustan tus jadeos, tus suspiros y tus placeres. Me gustan tus mañanas, tus tardes y tus noches. Me gustan tu logros, intentos y fallos. Me gustan tantas cosas de ti, incluso lo que no conozco. ¿Cómo puedo gustarte incluso con lo que no conoces? Porque me gustas absoluto, no parcial. 

30/3/16

Fiebre


La fiebre baja, le decía la esposa. La fiebre baja y tú estarás mejor mañana por la mañana. Le rebotaba en la cabeza caliente que la fiebre estaba bajando. Se imaginaba el cansancio y el abrumador peso cotidiano, entonces la fiebre baja, la fiebre bajaba. La mujer le colocaba paños fríos que instantáneamente parecían secar con el calor de su frente. Creía que dormía, pero no, estaba despierto. Las frazadas del lecho no lo abrigaban, tenía frío pero ardía. Frío hace, vieja. Frío tengo, le decía. La fiebre baja, escuchaba a la lejanía, como con una especie de eco. La fiebre baja, repetía. Cerraba los ojos y le parecía relajarse. Estaba en calma. A ratos sobresaltado despertaba creyendo que temblaba, que el lecho se movía, que casi se caía. Venía y se iba la vieja con tarros de agua fría. No entendía bien la situación, puesto que a ratos la llamaba. Delirios, decía. Delirios de la fiebre que aún no baja. Dentro del lecho, tiritando de frío en un mar de lava, Morfeo llama y en sueño ha caído.

 Al otro día se levanta, la vieja en cama, él está vivo y la fiebre de ella no baja.

27/3/16

Latidos


Hay latidos que tienen destinatario fijo pero el remitente no lo suele reconocer porque —inconscientemente— no sabe que sus latidos le pertenecen a alguien. Al menos en primera instancia no quiere reconocerlo, porque dentro de la comodidad que le entrega la negación, siente que admitirlo sería una cuestión de pura debilidad e infantilismo. Y claro, ¿qué persona querría caer en eso? Los más honestos y valientes, pienso. Los que no tienen miedo de que los tachen de idiotas por reconocer que les tiembla hasta el alma cuando se trata de esa persona. Los que les da gusto dar el discurso desnudo y sincero que implica decirle, aunque sea entre puro palabrerío, que aquel latido que lo ahoga y le suena en los oídos tiene un fundamento íntimo. Y que se lo dedica, sin quererlo, sin siquiera esperarlo, sin previo aviso, casi de repente y con un medio infarto, a ese destinatario. Un latido lleno de ingenuidad, de inocencia, de explícita estupidez que no se entiende, que no se explica, que golpea y asfixia. Ese latido brutal que grita “¡tú!” y que llega encolerizado hasta la garganta, provocando mariposas espantadas en medio del estómago. Esa calidad de latido emocionado y medio torpe por la adrenalina que obliga al remitente a expresarlo, a vociferarlo, a manifestarlo de cada forma que esté a su alcance, porque no hay mayor alivio que decirlo. Se acumula, se empieza a juntar entre el pecho y la boca. No se evita, pienso. No se puede evitar. Y entonces, ¿cuánto dura? ¿Se va gastando? ¿Es como el efecto de una droga? ¿Es así de temporal? ¿Cuándo empieza a ser sincero o cuándo consideramos que nunca lo fue? Me gustas, dice. Y ante la confesión, le besa la frente, luego las mejillas, la comisura de los labios, los labios mismos, el mentón e incluso la punta de la nariz. Y el latido ya no es tan torpe. Está acariciándole y ambos abordan la eternidad, esa relatividad compartida y verdadera. El tiempo no se agota, se aprovecha, pero aún así se va tan fácil, tan rápido. ¿No parecía eterno? Le muerde, con un deje triste y al mismo tiempo apacible. No quiero que termine, le susurra. ¿Por qué no hacerlo interminable? ¿Por qué detenernos? El latido propio de pronto va en perfecta sincronía con el latido que es ajeno. Hay algo placentero en ese trabajo compartido y vital, pero no es ese el climax final, pues la dicha máxima llega cuando el remitente se da cuenta que ha comenzado a ser un destinatario igual. 

El espejo y el reflejo


Soy de esas personas que no siempre se dan el tiempo de disfrutar las duchas. A veces estoy tan ensimismada en la idea de que voy a llegar tarde a un compromiso o a una clase, que el baño resulta extremadamente preciso y con sus tiempos calculados. La rutina no parece tediosa porque la mente está demasiado ocupada pensando en otras banalidades o preguntándose qué pasará en el día de hoy, que si será un buen o un mal día, que si la clase estará dinámica o aburrida, que si la persona con la que quedó de juntarse andará de humor o con los monos, entre tantas cosas más. El proceso de baño es casi mecánico. Masajear tu cabello, lavar tu rostro, tus brazos, tu torso, tus piernas, francamente todo tu cuerpo. Luego salir de la ducha mirando la hora, prácticamente corriendo y a veces buscando la crema porque en el peor de los momentos se te pierde, para finalmente empezar a vestirte porque dentro de las buenas costumbres eso se requiere. El proceso de aquel emperifollado tan común y corriente para mostrar nuestra apariencia resulta ser algo automático, a veces sin esfuerzo, sin cuestionamientos entremedio. Y yo soy precisamente de esas personas que a veces olvida que tiene un reflejo más allá de lo que ve en el espejo.

22/3/16

La universidad es solo una esfera, no tu vida entera


Recuerdo que antes de entrar a la universidad y hallarme en la situación en la que estoy hoy —matriculándome y tomando ramos de segundo año—, como toda estudiante viví una situación compleja en tercero y cuarto medio. Una situación que en algún momento después de tenerla tanto tiempo presente, llegó a ahogarme y hacerme sentir miedo. Era habitual que esa incertidumbre de no saber qué vas a hacer, o qué va a pasar contigo después de egresar de cuarto, a veces resultara ser mayor que la confianza que podías tenerte a ti mismo. Mucho más si consideramos que en el último año de enseñanza media, lo que más encima tienes y lo que más te preocupa es sacar un buen puntaje para poder optar a la carrera que tanto deseaste, o como en otros casos —que no son pocos— sacar un puntaje simplemente para poder entrar a la universidad y, en lo posible, optar a alguna beca que al menos te ayude a soportar el peso económico que te trae el elegir una carrera universitaria.

Lamentablemente no todos terminan estudiando lo que soñaron alguna vez. Como pasó conmigo. 

20/3/16

Preámbulos y tubérculos


Yo creo que si existe un sinónimo para torpeza es precisamente la palabra comienzo. Todos los comienzos tienen algo que los hace particularmente humillantes. Si no es humillante, entonces lo reemplazaremos por terrible. Y como terrible es un término bastante ambiguo, dejaré que quede a la interpretación de cada cual.

La primera entrada para inaugurar un blog es siempre dolorosa y la más terrible de todas. Yo en lo personal odio comenzar con presentaciones bobaliconas y rebuscadas donde se parte hablando de uno mismo y de quién es, qué hace e irrelevancias. Por lo general, este paso nunca se considera contenido atractivo y resulta particularmente aburrido para el lector tener que leer el sinfín de metas que se propone un individuo con su blog, donde muchas veces ni siquiera cumple a lo largo de su trayectoria con el mismo y olvida los parámetros que fijó en un principio. Seamos sinceros, nadie sigue al pie de la letra lo que propone en un inicio. Precisamente esa es una de las razones por las cuales los inicios son tan malos.

Nunca me han gustado las limitaciones, el tener que regirme por estilos o amarrarme a favoritismos cuando hay tanto que degustar. No obstante, resulta terriblemente difícil buscar la forma de inaugurar algo tan libremente. Así que recurriremos a una inauguración desnuda y honesta, para que nadie se haga falsas expectativas al respecto. 

Me interesa compartir la vida del tubérculo. 

La vida del tubérculo. Una frase curiosa, algo divertida y con un deje algo penoso, ¿verdad? Sin embargo, yo solo rescataría lo de curioso porque la visión que se pueda tener de esto puede cambiar con mi aclaración. Entonces, comencemos —desastrosamente— cuestionándonos: ¿qué es un tubérculo? Tal vez lo primero que se venga a la mente sea una papa, una raíz, algo para nada inspirativo, algo que no es nada realmente interesante. Procedamos. Atribuyámosle ahora un sentido más metafórico, enfocándonos en el objeto que sería la papa como tal. Ese tallo poco agraciado que crece bajo el suelo, muchas veces en la soledad que le ofrece el reservo de la tierra que, a medida que va creciendo, de él van surgiendo raíces. Estas raíces con el tiempo y la paciencia necesaria se van nutriendo y finalmente alargando. No profundizaremos más allá del alargo de las raíces porque no queremos llegar a la muerte del tubérculo.

Ahora, la analogía la realizaremos con la vida de una persona común y corriente.
Su soledad, su inspiración, sus motivaciones independientes, su autonomía, su propio resguardo lejos del mundo (la vida en la tierra), el conocimiento que va absorbiendo cada día de su vida que lo hace crecer y al mismo tiempo llenarse de sabiduría (las raíces), nos hace fijarnos que la vida del tubérculo probablemente no está tan lejos de la vida misma que tenemos como personas individuales, ¿no es así?

En base a esto, podría decir que mi visión de la vida hace alusión al desarrollo de un simple tubérculo. Y no puedo negarlo, debo compartirlo. Me gustan los tubérculos y, los encuentro terriblemente inspirativos y refinados, a pesar de su apariencia desgraciada. Si Julio Cortázar, siendo el cronopio padre, podía atribuirse características tan estrafalarias en relación a su percepción de la sociedad y a él mismo, ¿por qué no podía generar yo una visión de mi vida sobre algo tan groseramente banal y al mismo tiempo tan elegante?

Y mediante a esta terrible inauguración, deseo la bienvenida a un blog común y corriente, sin aspiraciones, motivaciones o metas fijadas. El lector debería considerarlo una invitación a adentrarse un poco más en la vida solitaria, mundana, perdida pero profunda, elegante y progresiva del tubérculo. 

Una vida no tan lejos de la misma.